Incursiones en el futuro - O la prefiguración de lo posible

31 August 2011

La evolución se asemeja mas bien a un vagabundo que se pasea por el mundo recogiendo un hilo por aquí, una lata por allá, un trozo de madera más allá, para luego unirlos de la manera en que sus respectivas estructuras y circunstancias se lo van permitiendo, sin ningún otro motivo que el de ser el único capaz de unirlos. Así, en su deambular, se van produciendo formas complejas, constituidas de partes armónicamente interconectadas resultado, no de un proyecto sino de una emanación natural.
Leibniz

La casualidad - es decir la ocasión imprevista, la invención, la improvisación, la aventura - rige el devenir y los cambios de la vida de cada individuo en particular, así como de la historia colectiva y de las especies, a la manera en que un escultor va ensamblando objetos encontrados durante su deambular, en lugar de extraer una figura preexistente en su mente a partir de un bloque de mármol. Como los famosos “objets trouvés” que han originado tantas obras de arte de vanguardia. Sin embargo, este encontrar y ensamblar no son arbitrarios. Responden a leyes que son inherentes a las cosas, a sus estructuras y a las circunstancias en las que fueron encontradas, y que a la vez se verifica precisamente porque es el devenir lo que las une, sin ninguna otra razón, sin la intervención de ningún presunto diseño que regule la Gran Máquina del universo.

La casualidad y la necesidad concurren en la evolución de la naturaleza como en la obra de la mente humana.

Lo que nace de este encuentro es una creación nueva, inédita, un “salto” en la continuidad del flujo del tiempo. La estatua que reproduce un modelo no sería sino la copia de algo ya existente, una suerte de “déjà vu”, de imagen en el espejo.

Una inmovilidad letal estaría impresa sobre el mundo. Ese gesto de recoger fragmentos que la casualidad y la necesidad ponen, conjuntamente, en el camino de aquel que profundiza en la exploración de las cosas produce, en cambio, formas dinámicas cuya complejidad es, precisamente, el resultado de su proceso de formación. Se trata de composiciones cuyas partes están conectadas entre sí por medio de  relaciones armónicas.

Quien las une descubre o reconoce una “afinidad electiva” entre ellas, una tendencia recíproca de la una hacia la otra, no por imitación de alguna idea preconcebida (un proyecto) sino antes bien por una suerte de derivación natural, el desplazamiento – como bajo el empuje de una fuerza endógena - en una dirección preestablecida; una ruta que la mantendría prisionera de la repetitividad. En otras palabras, mediante leyes invisibles que rigen la invención tanto en la naturaleza como en las artes humanas.

George Kateb escribe: “Debemos pensar la utopía como un mundo en el que los individuos y los grupos poseen la libertad, la fuerza y el talento para construir y reconstruir su vida superando las insuficiencias.”

George Kateb es profesor emérito de la Universidad de Princeton en Política, retirado en 2002. Fue director del programa de Filosofía Política, además de director del University Center for Human Values y de la Universidad de Columbia. Es autor de obras fundamentales en ciencias políticas entre las que podemos destacar: “Utopia and its Enemies”; “Political Theory: its nature and uses”; “Hannah Arendt: Politics, Conscience, Evil; The Inner Ocean: Individualism and Democratic Culture; Emerson and selfreliance”. Su área de investigación es la teoría política moderna, con particular atención a las diferentes variables de individualismo.
 

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